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En el país de las sopas, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un gran chef, de oronda barriga y bolsillos repletos, al que todos conocían como “Monsieur Mercado”, aunque su nombre verdadero era Cap i Talismo.

Aunque era el responsable de recetar todos los menús, estos podían ser revisados e inspeccionados por la ciudadanía sopera, gracias a un sistema de ollas colectivas.
Poco a poco, el apetito del gran chef se fue haciendo más insaciable y, con la ayuda de sus pinches asistentes, fue eliminando el sistema de controles, y comenzó a experimentar con nuevos productos y recetas, hasta que acabó echando a perder la gran sopa colectiva, y la gente empezó a enfermar de deshaucitis, paromianasis y otras enfermedades.

Sin embargo, la gente había dejado tanto tiempo en sus manos la elaboración de las recetas, que los soperos y soperas apenas tuvieron capacidad de respuesta. Y como Monsieur Mercado era el único que tenía el acceso a todos los menús, a todos los ingredientes, y además tenía el control de sus com-pinches, en lugar de expulsarlo del país, la gente entregó en sus manos la búsqueda de la receta que los salvara de aquella pandemia.

Algunos plantearon que eso era como dejar la extinción de un fuego en manos de un pirómano, pero el miedo a quedarse sin sopas y a la incertidumbre, no dejaron oír esas voces. Porque el gran chef fue muy hábil en sus argumentos: “el problema -les decía- es que habéis comido más sopas de las que necesitabais, y les echabais más ingredientes de los aconsejables, así que os podéis quedar sin sopa durante una larga temporada”.

Y comenzó a decir que no se podía comer sopas todos los días, y a recetar sopas de cebolla sin cebolla, y gazpachos y escudella con la mitad de ingredientes, mientras él se quedaba con la otra mitad para seguir llenando su insaciable voracidad, dándose banquetes con las mejores sopas de marisco o con los productos más caros del mundo: carne de ternera Jap o Nesa “Wagyu”, trufa blanca, patata “La Bonnotte”, nuez de Macadamia y azafrán, por poner algún ejemplo.

Mientras, asustados, los soperos y soperas aceptaban con resignación las nuevas recetas, a pesar de que no sólo no les encontraban sabor, sino que comenzaron a notar síntomas de debilidad y anemia. Simplemente temían quedarse sin sopa.
Hasta que un día, alguien gritó que otras recetas eran posibles. Y de repente, la gente comenzó a recibir mensajes con recetas contra los recortes y contra el miedo, recetas solidarias, recetas contra los desahucios, recetas por el transporte público, recetas por la memoria y por la cohesión social…. Poco a poco estos mensajes se fueron extendiendo por el país de las sopas, y la gente fue perdiendo el miedo a Monsieur Mercado y a sus com-pinches, y fue así como éste fue perdiendo su poder.

Esto no es más que un cuento, que te puedes tomar con humor e ironía, mientras degustas y compartes con alegría, las sabrosas, nutritivas y míticas sopas sin recortes del 9º Festival de Sopas del Mundo Mundial. El Festival tendrá lugar el próximo 25 de marzo a partir de las 11 h. en la marquesina de la Via Julia.