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La oscuridad se extendía de norte a sur, inundando poco a poco todos los territorios. El Señor del Mal había esparcido por los cielos el virus del racismo, infectando a su paso a todo aquel que no poseía anticuerpos para combatirlo.

El mal se expandía sin control, anulando la voluntad y el discernimiento de las gentes, generando, sin demasiada resistencia, actitudes de odio, rechazo y violencia, que amenazaban con destruir la convivencia, la paz y el futuro de todos los pueblos.

El Señor del mal había sido vencido en épocas anteriores, durante las cuales había contaminado al mundo con la plaga de la esclavitud y con una locura colectiva que desembocó en una gran guerra, con millones de muertos y un dolor infinito que ni el tiempo ha podido mitigar.

En previsión de que reagrupase sus fuerzas y lanzara un nuevo ataque, el Consejo de la ancianidad, integrado por representantes de los cinco grandes territorios, había decidido desde aquel entonces, esconder en cada uno de ellos los ingredientes para elaborar el antídoto. Y estaba claro que había llegado el momento de activarlo.

Cada territorio eligió inmediatamente a un portador o portadora entre una multitud de voluntarios. La misión de los valientes elegidos, era viajar al punto de encuentro, ubicado en la Komarka 9 Barriendel, un lugar integrado en sus orígenes por 9 valerosas y enérgicas aldeas. Allí debían poner en común sus ingredientes y elaborar y repartir el antídoto.

De las tierras del Oeste salieron: Itzel, una joven impulsiva y solidaria, que portaba el ingrediente llamado elote o maíz; y Valentina, una mujer madura y luchadora, encargada de portar tomaquet.
De las tierras del Norte salió Floren, un joven tenaz y dulce, que portaba ajius.
Del Sur, Nelson, un anciano sabio y paciente, que portaba okra.
Del Este viajaron: Ali, un hombre divertido, experto en organizar iniciativas beneficiosas para su comunidad, y en cuyo zurrón portaba especias; y Chris, un joven atleta con gran capacidad para escuchar a los otros, y que transportaba un huevo de avekiwi.

Todos tuvieron que vencer grandes obstáculos en su camino, permanentemente hostigados por las huestes del Señor del Mal, que seguían de cerca sus pasos, con la ayuda de los infectados. La fortaleza y decisión de los cinco valientes les permitió llegar al fin a 9 Barriendel. Sus moradores organizaban anualmente un Festival de Sopas de los cinco grandes territorios. Avisados de la llegada del grupo, les dieron cobijo y les entregaron los utensilios necesarios para elaborar el antídoto, que no era sino una sopa con los ingredientes que portaban, a los que además habían inoculado sus características personales: sabiduría, solidaridad, capacidad para escuchar a los otros, espíritu de lucha, tenacidad, organización y participación. Formaron la Comunidad de la Sopa.

El Señor del Mal y sus infectados seguidores no pudieron identificarlos entre tantos participantes, y no pudieron impedir la elaboración de la sopa que a partir de ese momento comenzó a repartirse entre toda la buena gente. El antídoto comenzó muy pronto a hacer efecto…